Alicia, un ejemplo de resilencia frente a la adversidad
- Tiene 70 años de edad y 30 como portadora de VIH Alicia es uno de los tantos casos de mujeres que diariamente se enfrentan a situaciones adversas, pero que tienen la capacidad de emprender un proceso de transformación, convirtiendo el daño sufrido en fortalezas, en beneficio propio y de su entorno social. A pesar de haber sido diagnosticada con VIH hace casi 30 años, hoy a sus 70 años de edad, trabaja como empleada para una notaría y estudia computación, siempre con la convicción de ver la vida del mejor lado posible. Alicia forma parte del 18% de las mujeres con Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), que fueron contagiadas por sus parejas, según datos proporcionados por el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/SIDA (CENSIDA), que especifican que la proporción por sexo de casos en México, es de cuatro hombres por cada mujer, pero ha ido cerrándose con el paso de los años. Su historia participó en el Premio Raquel Berman a la resilencia de las mujeres frente a la adversidad, que busca reconocer a las mujeres que emprendieron un proceso de transformación en el que fortalecieron su capacidad o habilidad para enfrentar situaciones adversas y resurgieron de los eventos traumáticos y violentos. La convocatoria fue hecha por la Fundación Doctora Raquel Berman, la Asociación Mexicana para la Práctica, Investigación y Enseñanza del Psicoanálisis A.C. (AMPIEP), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), la Secretaría de Gobernación (SEGOB) y el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) . A mediados del año 1988 Alicia cuenta como su esposo empezó a tener vómitos cada vez mas fuertes, que lo llevaban a internarse en el hospital cuando menos una vez al mes, hasta que fue diagnosticado con VIH. Como el protocolo lo indica, ella y sus hijas se aplicaron la prueba de Elisa o Western blot, pero solo ella resultó positiva, su esposo la había contagiado de VIH. “Fue enfrentarnos a algo totalmente desconocido para mi. Todo fue muy difícil, confuso, una prueba muy dura, sumado a que en aquel entonces no había personas o instituciones que nos orientaran sobre esta enfermedad” platica Alicia, mientras hace memoria, ya pasaron casi 30 años. Comparte como sus casos ayudaron a que el médico que los atendía fuera de los primeros en Chihuahua en capacitarse sobre el tema, que era algo nuevo y como todo lo desconocido causaba mucha polémica y temor en la sociedad. “Cuando mis hijas pidieron explicaciones, la primer reacción fue decirles que era cáncer, era tan difícil el tema que no se podía revelar o decir lo que nos acontecía, era algo muy mal visto”, expresa. “Ya solas, mis hijas y yo les dije que su papá tenía Sida o VIH, fue algo muy duro para todos y cuando me preguntaron que como lo había adquirido fue aun peor, pero yo les dije que no sabía y que no me interesaba saber, de hecho nunca lo supe y procuro no hacerme conjeturas, porque aquello para mi fue un baldazo de agua helada”. Alicia comenta como su esposo le pedía perdón a cada rato por haberla contagiado “pero yo siempre busqué ver las cosas lo mejor posible para mis hijas y para mi, no servía que yo me enojara o lo dejara, si ya teníamos esa enfermedad encima no había forma de volver atrás. Pues me armé de valor, no me asusté y me dije si ya lo tengo y no me lo puedo quitar, lo que debo hacer es aprender a vivir con esto y apoyar a mi marido el tiempo que nos quede de vida, pues los médicos no nos daban muchas esperanzas”. Narra como ella y su familia fueron víctimas en diversas ocasiones de discriminación y maltrato, a pesar de que siempre procuraba ver lo bueno de la situación, sin embargo, en su trabajo le dieron la espalda y hasta le dejaron de hablar cuando se enteraron de su enfermedad. Cuenta como en aquel entonces a los enfermos de sida los mandaban a la ciudad de México para ser tratados y como tenían que recorrer largas horas de camino en camión y luego llegar al hospital, presentar los papeles en las oficinas, y no faltaba quien les hiciera el “feo” cuando se daban cuenta que acudían a recibir atención por sida, “aquello se regaba como pólvora, nos veían como apestados y no nos atendían rápido, al contrario, pasaban las horas hasta que nos orillaban a tratar el caso con los directivos”. En una ocasión, Alicia y su esposo tuvieron que quedarse en un albergue que había para los pacientes foráneos y por su enfermedad fueron ubicados en áreas distintas, a él a unos cuartos en pésimas condiciones sin luz ni agua y a ella en otro edificio en el que compartió el cuarto con personas drogadictas y enfermos mentales. “Lo que mas sufrimos fue la discriminación, en los hospitales en especial fuimos discriminados pues a mi esposo la comida o lo que le traían se la dejaban en el piso y en la puerta, para nada entraban al cuarto y muchas de las enfermeras de plano no querían ni atenderlo”. “En lo persona, recibí muy malos tratos de muchos doctores, no todos porque hubo algunos que si nos apoyaban pero el rechazo era generalizado, yo duraba horas sentada para ser recibida, muchas veces durante los tratamientos yo mejor pedía que me recetaran medicamento tomado porque a la hora de inyectarme, se portaban muy groseros y no tenían ningún cuidado, entre más rápido y mas lejos estuvieran de mi, mejor”. Su familia ha sufrido discriminación hasta en los momentos mas difíciles, ya que cuando su esposo murió, el personal de la funeraria no quiso tocar el cuerpo, sino que fueron sus propios hijos y ella quienes lo subieron a la camioneta que lo trasladaría al cementerio. Cuando el esposo de Alicia murió ella tenía 50 años. Fue entonces cuando decidió meterse a estudiar, primero un repaso de la secundaria, luego la preparatoria, para después meterse a estudiar la licenciatura en psicología, “conseguí que me dieran una beca, quería aprender, quería darme ese gusto porque cuando era joven mis papás no tenían ni para comer, mucho menos para darme estudios, además veía que otras personas estudiaban ¿por qué yo no?, se cuestionaba emocionada. “Nunca dejé de trabajar, trabajé 24 años para gobierno y me pensioné, que es una pequeña parte del ingreso con el que sobrevivo, luego trabajé cuidando a la mamá de una amiga por casi10 años y aun a mis 71 años sigo trabajando como tramitadora en una notaría donde ya voy a cumplir 19 años y también estoy estudiando computación”, expresó. Actualmente Alicia vive sola, tiene tres hijas y cuatro nietos, quienes asegura la han apoyado en todo momento aunque ellas y sus familias también fueron víctimas de discriminación por su enfermedad. “Mi consejo para las personas que han estado en situaciones similares es que no se acobarden, que busquen ver los problemas de la mejor manera, como dicen “hacer de tripas corazón”, que hagan un esfuerzo sobrehumano para seguir adelante estén las cosas como estén, siempre hay esperanza, la vida es lo mas hermoso que hay, veanme a mí después de tantos años he podido sobreponerme, y creo que todavía me falta mucho por vivir”, finalizó.
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MUERTE DE MARISELA ESCOBEDO VINO A MEJORAR POLÍTICA PÚBLICA A FAVOR DE LAS MUJERES EN CHIHUAHUA: EMM
- Coloca Ichmujeres ofrenda floral en memoria de Marisela Escobedo, a siete años de su muerte. “Marisela Escobedo fue una mujer maravillosa, que debemos honrar, cuyo sacrificio y asesinato vinieron a mejorar la política pública que se hacía a favor de las mujeres”, declaró Emma Saldaña Lobera, directora del Instituto Chihuahuense de las Mujeres, durante la ceremonia para honrar la memoria de la activista, a siete años de su muerte. Este sábado 16 de diciembre, cerca de las 12 del medio día el Ichmujeres organizó una sencilla pero emotiva ceremonia frente a palacio de gobierno, justo donde se encuentra la placa colocada donde Marisela Escobedo Ortíz, fue asesinada. En el lugar se colocaron ofrendas florales, se guardó un minuto de silencio y la directora del Ichmujeres externó algunas palabras para reconocer que luego de siete años el asesinato de Marisela, permanece impune. Emma Saldaña señaló que luego de la muerte de Marisela y gracias a la presión pública y política, la administración anterior se vio obligada a abrir los Centros de Justicia para las Mujeres, además que se empezó a realizar un verdadero trabajo en las políticas públicas en beneficio de las mujeres del estado. Marisela Escobedo Ortíz, se convirtió en activista social desde el año 2008 en Ciudad Juárez a raíz del asesinato de su hija Rubí Marisol Frayre Escobedo de 16 años de edad. Fue ella misma y bajo sus propios medios quien logró conseguir evidencia para detener a Sergio Rafael Barraza Bocanegra ex pareja de su hija y su presunto asesino. A pesar de haber confesado su crimen y señalar el lugar de sepultura de los restos de Rubí, los jueces declararon a Sergio Barraza inocente por falta de pruebas y lo pusieron en libertad. Ante esta injusticia Marisela Escobedo inició una serie de protestas en contra de las autoridades de Chihuahua. Su última manifestación fue en la Plaza Hidalgo frente al palacio de gobierno, donde el 16 de diciembre del 2010 fue asesinada por un desconocido de un balazo en la cabeza, sin que hasta la fecha se haya ubicado o detenido al o los culpables.
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